que las ya pasadas;
las que se dice una misma
a veces,
gozan de una lengua sibilina
digna de una gorgona,
y eso que no tienen lengua,
y eso que ni siquiera hablan en voz alta.
No siempre de esas palabras soy la autora,
no siempre son imaginarias,
y a la vez, lo son.
Mi mente es capaz de cortarse con una esfera perfecta,
en su afán por recorrer todas mis aristas,
consigue saltarse las barreras...
Las barreras que evitan una caída al vacío,
una nueva visita no anunciada al hoyo,
el recorrido ya andando previamente,
volver a pisar aquellos cristales rotos.
No está el patio para juegos del pasado.