El culto al sentimiento que no quiere salir en forma de palabras.
Todo se guarda dentro para que dé vueltas en su ciclo perfecto.
Nada lo interrumpe.
Es como cuando de niña no me atrevía a saltar a la comba.
Ahora los saltos son gritos, intentos, impulsos.
Y las cuerdas son de acero.
No puedo vomitar los cristales rotos de dentro,
alguien podría pisarlos.
Y si sus pies forman pasos que amo, no hay razón aparente.
Me someto al sacrificio de mí misma sin tener en cuenta a mis protegidos.
No puedo escuchar cuando no paro de gritar.
Y no puedo hablar cuando la lógica posee mis cuerdas vocales.
Cuerdas que no son de acero, son de hilo de coser, que empezó en los labios y fue cruzándose hacia dentro.
¿Queréis que vuele? No me pintéis el cielo de negro.
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