echadle la culpa al desgaste.
Si mañana no me río,
echadle la culpa a la censura.
Si mañana no como,
echadle la culpa al capital.
Si mañana no hablo,
echadle la culpa a los prejuicios.
Si mañana no me levanto,
echadle la culpa a los grilletes,
-las ataduras que te proporciona una pantalla-.
Y si mañana no respiro,
echadle la culpa a ese asesino silencioso
al cual llamamos trabajo.
Decidle al mundo de mi parte,
que me acabó matando.
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