te engañan diciéndote que todo sigue como siempre,
que las sábanas siguen sin cambiarse,
que en el rincón siguen habiendo bolas de pelo acumuladas,
y la basura está en la puerta,
esperando a que la saquen.
El tiempo es un cuchillo afilado,
y el ángulo cambia la puñalada.
De pequeñita era en el pecho,
de mayor, ya te da igual si se clava.
Todavía no hay ciencia que explique,
cómo en los mismos metros cuadrados,
puede crecer tanto la distancia;
Cómo la desidia va ensanchando
la sala, la habitación, la cama...
Cómo un trauma se traspasa,
cómo las mil leguas ya no están atadas.
Cómo...
El desengaño ahora es la fatiga
de haber puesto todo en marcha,
un carro que arrastraba
con las ruedas astilladas.
La puerta ya está muy lejos
de todo el camino que anduvimos.
Cerrada o abierta parece que no importa,
pues ninguno conoce su destino.
Y la espada que tenía hundida,
ahora me mantiene en equilibrio,
no tengo brújula,
ni guía...
Y esta forma de seguir viviendo es el eco de un suicidio.
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