Y los gritos de los grillos se hicieron eco en el infinito,
y ya no escribo,
nadan ideas en mi mente dando voces a contracorriente,
y ya no pinto...
Caos en las horas, intriga en los días,
yendo al norte perdí la brújula,
y dando vueltas encontré dos rutas
viendo colores en los ojos de otra gente.
Soltando por el camino todas mis manías
encontré por suerte al conejo blanco, y me dijo que ya no era yo,
y sin pensarlo tanto, me regaló un reloj:
''¡Comienza la cuenta atrás, por allí anda Libertad!'', exclamó,
dio un salto y se esfumó.
Los minutos no paran de correr desde aquello,
no he vuelto a ser la misma, ni quiero serlo,
rozo el cielo con los dedos cada vez que subo a la montaña,
siento el ruido de un muro que me habla,
vuelvo a perderme en espirales,
de nuevo se abre mi castillo.
Apenas siento ya los males,
solo me hizo falta un respiro.
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