No salí ni de la tierra ni del agua,
no escribí sobre ríos de sangre,
ni sonreí ante el sonido de la ola al chocar.
Los barcos se hunden cuando colisionan con mi pecho,
y no consiguen reflotar,
todo muerto, todo hecho.
Nada que salvar.
Pretéritos perfectos que ahora se forjan en la fragua,
silencios enfrascados en suspiros constantes,
palabras malsonantes antes del desastre,
todo demostrable, hasta todo lo contrario,
por siempre presos de un momento que guardaste en otros labios...
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