martes, 13 de diciembre de 2016

Circos y prisiones.

Perdí el marrón con tonos verdes por el que un día me vi envuelta en un circo de narices rojas,
sin más peso que el recuerdo de unos pasos que llevaron a la deriva a este barco hecho con hojas.
Pocas son las cosas del pasado que quiero contar, miles las horas perdidas dando vueltas hacia dentro
buscando quizás un centro donde sentarme a ver la vida pasar, sin preocuparme por si sales o si entro.

Reencuentro un cofre de oro y plata, donde se escondían todos esos cuentos que una vez tiré al mar
esperando olvidar una vez más el deseo que me empuja a buscar la X en el mapa...
y ese deseo volvió a escapar, sin brújulas y sin trampas.
De las olas salió una escalera hacia el cielo, rodeada de plantas y flores de colores como salidos de un sueño,
el tesoro estaba allá donde mis pies no se atreven a escalar por si al llegar descubro que todo tiene dueño.
Males y bares compartidos bailan en este carnaval sin fecha ni nombre, en este festival de falsos corazones,
en esta pantomima de versos silenciosos, ociosos de una lucha mil veces perdida por renunciar a las pasiones.
Circos y prisiones encerrados en una carpa hecha de filtro gris y vagas decisiones, decorado con uñas y pelos,
desempuñando un arma que no deje huella pero sí cicatriz, yendo siempre a la raíz, evitando coger anzuelos.

Algún día veré de qué luz me hablas, y saldremos ilesos de la anacronía de las ilusiones creadas,
hasta entonces solo me queda escalar para poder pintar ese jardín de rosas, tulipanes y casas de hadas...

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